La libertad en un mundo desmoralizado

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La libertad en un mundo desmoralizado

Mensaje  himno el Sáb Feb 02, 2008 11:13 am

Diversas amenazas se ciernen sobre las naciones del nuevo milenio, la humanidad está en riesgo. Rugen furibundos vientos que nublan la conciencia y el entendimiento: ideologías del absurdo y la deshumanización, redes de sofismas que pretenden reducir al hombre a pedazos. Así, desfilan por el asfalto de la posmodernidad: individualismo, materialismo, nihilismo, hedonismo, pero todas estas vanas ideologías prosperan en el imperio del relativismo.

La actual y creciente 'desterritorialización' ha enfrentado cara a cara a las diferentes culturas de este planeta -cada día más globalizado e intercomunicado-, lo cual enfatiza el contraste de ciertos contenidos morales y culturales. De ahí surgen con facilidad las tentaciones del particularismo y el relativismo.

Desde los siglos XVIII y XIX comenzó la carrera científico-tecnológica de las naciones más poderosas, seducidas por el novedoso bienestar que la industrialización traía consigo. De esta manera, se abonó el terreno para el predominio del cientismo sobre las comunidades científicas y, después, sobre las sociedades opulentas.

Y así, el relativismo y -su contraparte absolutista - el cientismo; son las opciones que nos ofrecen los sofistas del nuevo milenio. Sí, claro, una ilusión de alternativas. La negación de la objetividad o la negación de la subjetividad. Estas dos vías atentan contra la verdad pues amputan la búsqueda filosófica sincera, abandonan el diálogo, distorsionan la percepción misma de la realidad, e impiden edificar una verdadera ética sobre sus bases. Por un lado, el relativismo niega la existencia de valores objetivos, por el otro, el cientismo coloca a la ciencia por encima del hombre. Sí, lo que está en riesgo es nuestra dignidad de personas.

Con tal mancuerna de ideologías, ¿cómo impedir el advenimiento de una sociedad “GATTACA”?, ¿con qué fundamentos éticos impedir el desborde de la ciencia, desde qué principios y valores, si el relativismo pretende barrer con todo ello?, ¿cómo parar la carrera armamentista y el empleo de la ciencia y la tecnología como agentes de destrucción?

“Tal como una navaja de afeitar en manos de un niño de tres años, los progresos se han vuelto un arma peligrosa. En vez de traernos libertad, la posesión de maravillosos medios de producción nos trajo preocupaciones y hambre. Pero lo peor que trajo es la creación de medios para destruir la vida humana.” (Albert Einstein)

Podemos extraer de este comentario de Einstein, la siguiente disyuntiva: ¿ciencia para la libertad o ciencia para la destrucción?

De ahí la importancia de no amputar el sentido ético de la ciencia. Lo cual ya va implícito en la definición misma que hacemos de ciencia. Pero, en nuestros días, para colmo, los diálogos filosóficos y científicos se enfrentan a un terrible obstáculo: la crisis de conceptos. En gran medida por las ambiciones políticas y personales encontradas… o por los neosofistas que como el antiguo Protágoras, son capaces de cualquier artificio retórico para ganar en la argumentación, incluso reinventar o distorsionar los conceptos implicados. Lo vemos día a día en la política. Quizá no exagera Cortina cuando dice que “La perversión de las palabras es la más grave de las perversiones”.

En tal panorama, sólo nos libera el aire revivificante de la verdad, como la certeza que tenemos sobre la dignidad humana, como la confianza entre familiares que no tienen por qué engañarse. Y es que la mentira es el origen de esta crisis de conceptos, la mentira sistemática en la política, en la economía, en la ciencia o en los medios.

“Por medio de hábiles mentiras, repetidas hasta la saciedad, es posible hacer creer a la gente que el cielo es el infierno… y el infierno el cielo… Cuanto más grande es la mentira, más la creen.” (Adolf Hitler)

Concluyo insistiendo en que sólo la verdad libera. Frente a la poderosa tentación de la mancuerna 'relativismo-cientismo', frente al imperio de la apariencia y la simulación que nos invita a engañar al otro, frente a la ignorancia que alimenta estos males: con mucho más firmeza hemos de decir la verdad en nuestras vidas.

“No hay peor esclavitud que la de la mentira, hay que libertar la conciencia del pueblo diciendo la verdad.” (Miguel de Unamuno)


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